La Torre de Alhendín

La presencia de este elemento en los edificios religiosos permite una perfecta orientación a quien quiere dirigirse al templo y posibilita que las campanas sean oídas desde lugares alejados del casco urbano.

La torre de la Iglesia de Alhendín está situada en el centro lateral izquierdo de la nave central, y su tipología se ha visto modificada por los efectos que sobre este edificio han tenido los terremotos.

Las primeras noticias que se tienen de la torre, datan del 21 de julio de 1.555, donde la caída de un rayo sobre la misma, el 7 del mismo mes, ocasiona la muerte de Diego Martínez, quien junto con el licenciado Luis Garrido y Francisco de los Pérez, estaba tañendo las campanas por la tempestad que hacía. Este rayo produjo serios desperfectos en la torre. Después de la rebelión de los moriscos y de los destrozos causados, en 1.575 solo la torre quedó intacta, y en ella había una campana de siete arrobas y otras dos grandes quebradas.

En 1.583, Juan de Malabarca, fabricó una nueva campana. En los terremotos de  los años 1.804 y 1.805, la torre se desplomó, destruyéndose también el reloj colocado en 1.801, el actual fue montado en 1.908. En 1.846, bien entrado el reinado de Isabel II, el arquitecto de mérito de la Academia de San Fernando, Salvador Amador firma un proyecto para la reconstrucción del cuerpo de campanas de la torre de Alhendín.

Constará de dos cuerpos de ladrillo coronados por una pequeña cúpula. Es de estilo Neoclásico de sillería. con la superposición de dos cuerpos a partir de la cornisa general del edificio, uno de sección cuadrada y otro ochavado y copulado, contrastando su color oscuro con la blancura del resto del templo. Posee una campana en cada una de las cuatro caras de la torre, siendo la más antigua (Campana Gorda), Santa María de la Concepción del siglo XVIII, el esquilón es refundido en el siglo XX y las otras dos pertenecen también al siglo XX.

Por problemas de libramiento de fondos, al haberse invertido la totalidad del capital presupuestado en un primer momento, la obra quedó inconclusa, no pudiendo terminarse la escalera ni el pavimento de sus dos pisos.

Con el tiempo, el resto del edificio, especialmente su cubierta, sumó su deterioro al que ya venía padeciendo la torre inacabada. Esto obligó al encargo de un nuevo reconocimiento que recayó en el arquitecto del arzobispado José Contreras. En su informe, junto a la consolidación  de los tejados de la Iglesia y la reparación general de sus aleros, proponía la conclusión del interior de la torre empleando una cadena de barras de hierro que abrazara los cuatro lados y ángulos de la torre, para evitar que las grietas de los muros antiguos continuaran avanzando.

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Fuente: La Iglesia de Alhendín ( José Molina Valero)

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